Las belgadas

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Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua del Inmigrante en Bélgica, las belgadas son todas aquellas costumbres de belgas que demuestran que son un país con ‘personalidad’. Que sólo se les ocurre a ellos o que sólo se atreven ellos a hacer.

El otro día, en la Plaza de Luxemburgo, dónde jóvenes y no tan jóvenes se reúnen los jueves para intercambiar impresiones sobre las cervezas belgas, conocí el aperitivo belgada: coliflor cruda untada en salsa guarrota. Vegetariano, campestre, sano, ecológico, todo lo que queráis. Una verdadera belgada en definitiva. Seguramente este verano junto al tupper de tortilla o de sandía, aparezca el refrescante y saludable snack de coliflor con salsa. En Matutano están ya preparando la fórmula secreta para unas patatas sabor coliflor. Se sospecha que el departamento de I+D de Grefusa está realizando pruebas con unas pipas con gusto a brócoli para frenar esta corriente gastronómica que marca tendencias desde Bélgica.

Belgas comiendo coliflor cruda con salsa

Igual no son belgas, pero comen coliflor cruda con salsa. En realidad desearía que fueran belgas para corroborar la tesis de esta publicación. Lo que no hay duda pese a los kilos de maquillaje de Photoshop de Google imágenes es que es coliflor, un snack, nombre de perro o adorno para las mesas más selectas.

Siguiendo con el tema gastronómico, la salsa llamada andaluza es algo típico y poco andaluz que se come por estas latitudes. Como bien sabéis, aquí suelen freír con grasaza de vaca las patatas a la belga. Y las untan con multitud de salsas, entre ellas la andaluza esos tubérculos amarilleados. Una salsa picante, parecida a la salsa rosa pero más especiada. Andaluza a la belga. De típica de Huelva. Ah no, de Anderlecht. Una especie de salsa cóctel-1000 islas que no falta en los tascones certificados de este pequeño país.

Cuenta la leyenda, que algunos contratos de alquiler al menos en Bruselas, contienen cláusulas como por ejemplo que te dicen qué productos de limpieza tienes que comprar específicamente, con marcas y todo. Además, algunos caseros cobran un pastizal por hacer inventario de cómo están las cosas. Si lo ellos hacen la comprobación te puede salir más barato o más caro si implican a una tercera parte.

Algo también llamativo son los números de teléfono. Parece que estás llamando a la NASA, o a la OTAN, que por cierto está aquí y pilla más a mano. Son siempre números súper raros, que empiezan por cero o por dos. Yo siempre dudo cada vez que marco y me asombro si responde un humano con quien quiero hablar al otro lado de la línea.

En definitiva, el que no es belga es porque no quiere. Que es lo más normal del mundo sentirse diferente ante otras culturas, maneras de vivir o simplemente maneras

Que aproveche la coliflor y la salsa andaluza

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Típica mañana en Bruxelles-Brussel

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Después de una ducha, un desayuno viendo las noticias de TVE, vestirme y calzarme; me avalanzo sobre las numerosas escaleras para descender a la calle. Espero que los edificios antiguos de este país me dejen un culito duro a costa de las subidas y bajadas de escalones de madera.

Siempre me ha gustado ir mejorando la ruta mañanera. La actual implica atravesar una estación de metro sin cogerlo, que me ayuda a atravesar la rue de la Loi, una de las más transitadas de la urbe, con unos semáforos que parecen no tener fin.Ya en la jungla urbana, tras sortear media docena de deposiciones de canes, saludar a los mendigos agitando sus botes de limosna, me acerco al destino de las próximas horas del día.

En mi caminata veo por una cristalera a los huéspedes de un lujoso hotel de diplomáticos. Les observo mientras avanzo cómo desayunan como si no hubiera mañana, pasado y tampoco mes que viene. Mis Frosties con leche fría tampoco estaban tan mal la verdad. Ya acercándome a mi destino final, vislumbro una muchedumbre parada, que obstaculizaba la calzada. Algo pasa. No es normal.

La masa esperando a Obama

Los ansiosos trabajadores retenidos por Hussein

No es una típica mañana. Está Barack Hussein. Durante unos quince minutos, unos amables policías nos hacen esperar a un centenar de personas en cada lado de la calle. La gente se queja por el móvil en las redes sociales, excusan sus retrasos a sus obligaciones. Incluso descubro que en el tumulto a pocos metros de mí, había una antigua compañera de Universidad.

Llega la corte del rey. Una treintena de vehículos pasa a velocidad escoltada por una docena de motos de policía. Hay dos limusinas de las chulas, simétricas. En una de ellas tiene que estar el líder del mundo libre. Me siento afortunado: he visto a las dos de los posibles coches en los que iba el primer presidente hawaiano. Lo de las banderitas de Bélgica y del país dónde se grabó LAGONfidential enseñan que The West Wing o House of Cards hacen bien su labor de escenificar una puesta en escena de película.
Pasa la extensa comitiva. La gente que llega tarde al trabajo se sonríe al cruzar un centenar de personas el paso de cebra. Parece la folclorada esa de Tokio, pero en mitad de Europa. Comienza el día. El día Obama. Vuelve en junio. Que el Karma nos pille positivo en unos meses.

Disfruten siempre de las típicas mañanas, de la rutina y de los pequeños placeres