Bruselas vs LA

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Hola. He vuelto a crear un nuevo blog con un pequeño guiño a mi nombre. Si montara un restaurante probablemente lo llamaría El rincón de las Gonlicias y si abriera una tintorería no dudéis que la llamaría El PlanchaGón.

Pues eso, que después de un año en Los Ángeles, sur de California, he venido a Bruselas, Bélgica. Igualitos. En el blanco de los ojos y en el negro de los otros ojos.

Bruselas es por decirlo rápidamente, todo lo contrario que LA. Buen transporte, mal tiempo y birras a precio razonable y de calidad suprema. De lo poco que tienen en común es que son lugares en donde los lugareños son algo poco común y está lleno de personas llegadas de todos lados.

De momento, en 20 horas que llevo aquí ha sido todo bastante fácil. Ni visados infernales, ni billetes verdes como el monopoly, ni policías en el aeropuerto husmeando tus pelusillas, ni playa tampoco. Los coches son iguales que en la península. Europeos. Normales. Nada de monstruos consumidores de gasolina, asiáticos que parecen que los regalan o Prius con gente con el móvil. El mismo huso horario y que el mismo día comí en casa. Y sobre todo: gente andando por la calle.

Lo cierto es que hace exactamente 10 años ya había venido con dos amigos a la ciudad a pasar un día. Nos hospedamos en la siempre lujosa y acogedora estación central de trenes, con perros policía y un mendigo al que las fuerzas de seguridad le dijeron que fuera al médico que si no le iban a tener que amputar la pierna por una infección. Me impactó bastante, así como el hecho que uno de mis colegas de aventura ‘teenagger’ se durmiera durante su turno para que los mendigos y otros mochileros no nos robaran los Nokias o nuestra sensual ropa interior.

Llego en 2014, con GPS desde el primer día y lluvia también, con ganas de contaros en este espacio las tonterías como hice en LA GONfidential.

Que aprovechen las Gones de Bruselas.

Gones de Bruselas redonditas

Rico snack de tarde, también desayunable